domingo, 12 de junio de 2016

De cómo intenté matar a Vila-Matas, por Norberto José Olivar

El 8 de julio de 2009 me encontré con Enrique Vila-Matas en la librería La ballena blanca de Mérida. Era la primera vez que nos veíamos después de muchos intercambios de correo. Me explicó su plan de un paseo al Pico del Águila para el día siguiente. Yo accedí encantado, así podría ejecutar mi maléfico propósito antes de lo previsto.

Por la mañana, acabado un desayuno ligero en La Pedregosa, Vila-Matas (sombrero, abrigo negro y lentes oscuros) y Paula de Parma, su esposa, se embarcaron en mi carro radiantes y festivos. Sin perder ni un minuto, tomamos la carretera que va al páramo y fuimos conversando de literatura todo el tiempo — ¿de qué otra cosa podíamos hablar?—, aunque, en alguna parte del trayecto, con cierta desinhibición en la cabina, nos dio por cantar, a todo pulmón, Precious Time, de Van Morrison, hasta que la neblina nos tomó por sorpresa y cubrió por completo el camino. Tuve que estacionar, casi tanteando, al margen de un precipicio. Parecía que flotábamos en una nube. Vila-Matas se veía complacido, de hecho, sonreía con frecuencia. Cotejé, entonces, que no había semejanza con el hombre de las solapas de los libros, que por misteriosa coincidencia, vestía igual a Van Morrison. Dijo que nos apeáramos a mirar el abismo relleno de nubarrones, pero doña Paula se negó a poner un píe fuera. Allí supe que había llegado la hora. En cuanto nos posáramos a la orilla de aquel peñasco refrigerado, empujaría a Vila-Matas al vacío y, luego, alarmado, correría a dar la noticia a su mujer.
Todo iba como lo imaginé. En un momento dado, simulando buscar un mejor ángulo, me paré detrás de él y cuando casi lo tiraba, cuando mis brazos tomaban fuerzas para aventarlo por los aires helados del páramo, Paula apareció como un fantasma inoportuno a nuestro lado y ordenó continuar nuestra travesía: «vamos despacio, Norberto, que el camino se está despejando». Cerré los ojos y apreté los puños para esconder la furia que me embargó de súbito. El viaje continuó —y concluyó— sin nuevas oportunidades, lamentablemente.
¿Por qué matar a V-M?
Venganza y profiláctica literaria. Sí, se trataba de un ajuste de cuentas y ahorro de calamidades futuras. Vila-Matas había tratado de asesinarme en dos oportunidades que yo sepa. La primera, con un libro que escribió en 1973, Mujer en el espejo contemplando el paisaje y, en 1977, con La asesina ilustrada. Dos proyectos para ejecutar lectores en los que casi pierdo la vida.
Como yo, V-M (¿Van Morrison?) se quejó de su fracaso ante el escritor Jordi Llovet. ¿Por qué este ensañamiento hacia los lectores? Sencillamente trataba de hacer un debut literario fuera de lo común, como una especie de escolar enloquecido que entra al colegio y dispara contra la clase entera: El asesino de lectores. Una manera de saltar al estrellato literario sin haber escrito apenas.
Entiendo, de acuerdo a las indagaciones que he venido haciendo en los últimos años, que la realización de este proyecto suponía la concreción de un pacto maligno: Cada libro tendría un precio en vidas. Y quedando en claro, además, en uno de los parágrafos de ese convenio satánico, que el contratante, habiendo apuntado a la altura de Musil, debía caer bastante cerca cuando mínimo que ya es decir bastante.
De modo, que a estas alturas, es probable que V-M sea el único asesino en serie que va dejando un reguero de lectores descabezados por donde pasan sus libros. Pero se trata, he aquí el problema, de «homicidios perfectos». No hay rastros que seguir. La escena del crimen ha sido esterilizada con enfermizo cuidado, imposibilitando cualquier aspiración de meterlo tras las rejas, pues, las pruebas se evaporan apenas se cierran sus libros. Asunto tenebroso y fúnebre que dice, con elocuencia, lo delicado que es el trabajo de un escritor.

Comoquiera que no puedo formalizar cargos en alguna comisaria, he tomado la decisión de asesinarle de la misma manera y con sus propias armas: redactando un artefacto ficcional donde la muerte le alcance y por obra y gracia de la misma literatura, siempre presta a venderse al mejor postor, poner a salvo a todos los lectores del mundo de las mortíferas garras de este peligroso autor. 

Publicado originalmente en Prodavinci.com en 2011