domingo, 5 de junio de 2011

Palabras de Mujer



 A propósito de una lectura de El regalo de Pandora
por VALMORE MUÑOZ ARTEAGA


La Universidad Católica Cecilio Acosta publicó hace varios años un libro Argenis Rodríguez llamado Palabras de Mujer. Un libro incendiario desde todo punto de vista y que, de alguna manera, intenta suscribirse al discurso de liberación de la mujer. Recordé el libro de Rodríguez cuando tuve la oportunidad de leer el más reciente libro de cuentos de Héctor Torres llamado El Regalo de Pandora. Un libro de cuentos que recoge una preocupación –¿no será ocupación? – que Héctor ha desplegado en buena parte de su trabajo narrativo, pero que considero ahora logra redondear en 10 historias que giran en la ciudad de Caracas que, después de todo, también es una categoría femenina.

Resultaría una obligación comenzar la reflexión sobre este libro desde el conocido mito de Pandora. Tratar de encuadrar los cuentos desde la imaginería de Hesíodo y de alguna manera, más o menos culta, esbozar una crítica al libro pareciera el camino ideal para introducirnos en el tema. Sin embargo, no soy culto y no me interesa en lo absoluto ni Hesíodo ni Pandora, es más, me atrevo a asegurar que a Héctor tampoco le interesa eso. Más bien creo que el título del libro responde a otra cosa. Creo que responde a otra cosa, ya que no se trata de un libro de cuentos sobre la mujer como muchos han querido ver. Se trata de un libro sobre hombres que construyeron un sistema comunicacional en donde la condición femenina quedó excluida. Y cuando me refiero a condición femenina no lo hago exclusivamente pensando en la mujer, lo hago en función de una parte de la esencialidad humana. Creo firmemente que la condición humana responde a dos criterios racionales –o irracionales– que son lo masculino y lo femenino, para ser más específicos: la razón racional y la razón sensible. El mundo sobre el cual estamos parados fue diseñado dándole privilegios a una de estas dos racionalidades lanzando a la sensibilidad a otro plano que gira entre las cosas que nos avergüenzan y que señalamos como irracionales. Sí, estoy hablando de lo que Nietzsche apuntó como apolíneo y dionisíaco.

Las historias de Héctor no describen en modo alguno a la mujer urbana, sencillamente porque el tema no es la mujer, el tema central de los cuentos, ya lo decía, es la comunicación entre unos y otros. Quiero ir más allá. El problema es la comunicación de los afectos entre hombres y mujeres. De allí otra razón para argumentar que el libro no es sobre mujeres exclusivamente. No voy a negar a estas alturas de la vida que haya habido una discriminación de la mujer y que, eventualmente, ese tema no aparezca en el libro. Resulta inevitable no hacer mención de ello. Sin embargo, aparece para dejar claro que esta discriminación también limita las posibilidades del hombre. Aquí logro ver en los cuentos un concepto que me maravilla: el otro. La otredad como formulación para legitimar la identidad. El otro es lo único que permite la proyección del Yo y si no hay una conexión sensible entre uno y otro termina por no haber nada más que dos Yo empujando así sí mismo. Claro está, ese Yo y ese Otro es cualquiera y se establece entre las relaciones mujer-hombre, pero también en las relaciones entre sujetos del mismo sexo.

¿Cuentos sobre la mujer urbana? Creo que esto es un mito dentro de otro mito. Es probable que en este sentido la cosa apunte hacia las posibilidades de internarse en otra esfera del discurso. La mujer urbana ha podido ingresar a un universo discursivo al cual la mujer del campo no ha podido y difícilmente podrá acceder. Ese discurso que vamos a llamar tecnocrático dificulta aún más la comunicación entre unos y otros. ¿Por qué? Pues porque creo que ese discurso se sustenta sobre la base de una individualidad que sólo crece hacia adentro, que no se proyecta, que aniquila la otredad, puesto que la desvanece, la anula. Por otro lado, cuando se habla de mujer urbana parece estar yaciendo en el fondo la vaga idea de que la mujer de ciudad se constituye en una posibilidad más clara de liberación. No sé hasta qué punto esto será cierto. A veces siento que la mujer para liberarse definitivamente tendría que liberarse de la idea de liberarse. ¿De qué cosa se va a liberar? Ah, claro, de lo que llaman patriarcado y me parece estupendo, pero si ese proceso no se formula desde una conciencia de género es muy poco lo que se puede avanzar al respecto. De tal manera que, lo que en los cuentos puede ser visto como una conducta liberada de la mujer urbana, puede terminar siendo un señalamiento del autor de que la cosa apunta hacia otra parte.

Hay algo que me dijo este libro de cuentos de Héctor Torres en lo que me tocará reflexionar y mucho. Allí radica el gran valor que para mi tienen estas historias. ¿Qué cosa es esa de la diferencia entre mujeres y hombres? ¿Realmente hay diferencias entre unas y otros más allá de las razones biológicas? En El Regalo de Pandora aparecen mujeres que, al igual que los hombres, luchan por alcanzar la máxima felicidad y el indispensable placer (con ello trato de estar bien con los eudemonistas y los hedonistas) Ambos buscan la posibilidad de autorrealización, de valerse por sí mismos y de experimentar hasta el hartazgo del placer intelectual y físico. El Regalo de Pandora no es simplemente un libro sobre la mujer, más bien, es un libro que apuesta a la búsqueda de una comunión espiritual y carnal entre seres humanos. Allí el aporte, si quiere verse por esa vía, de este libro de Héctor Torres.

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