jueves, 25 de abril de 2013


Reflexiones leves de un “burgués” de barrio
por Norberto José Olivar



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Hubo un tiempo cuando todas las iniciativas y discursos de la oposición favorecían al chavismo. En ese entonces, el oficialismo se defendía con la simpleza, aplastante, de mostrar los hechos y nada más, pero hoy la práctica del gobierno se concentra en ocultar y negar la realidad, una realidad que ahora la oposición, ¿ironías?, se encarga de revelar con una desquiciante tranquilidad.
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El chavismo ya no tiene nada que dar. Es pasado. Su tiempo acabó, incluso, antes de la muerte de Chávez. Su debacle fue inoculada por el propio Comandante al confundir el Estado con su ego delirante y, por supuesto, al pretender clasificarnos entre patriotas y traidores, pero además por una corrupción pavorosa e inédita. Por esa odiosa pretensión de confiscar libertades, propiedades, y por una cromosómica ineptitud para la administración pública.
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Bien lo dijo Osío Cabrices: esto no es un gobierno sino un ejército de ocupación.
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Estamos secuestrados por seres enloquecidos y rabiosos. Me pregunto si estos individuos no han meditado que más temprano que tarde volverán a la condición básica de ser ciudadanos de a pie, y que tendrán que mirarnos a los ojos cuando nos tropecemos en alguna plaza o mercado.
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Pienso ahora en aquellos empleados públicos amenazados, temerosos, que bajan la cabeza, que se resignan, que no quieren pensar, que justifican con su silencio y sometimiento lo injustificable. Pienso en aquellos que obligan a sus subalternos a marchar, a gritar consignas, a servir de bulto, a votar y que llaman a este hostigamiento “asignación especial”. ¿Qué clase de ser humano es aquel que se dice defensor del prójimo, de los humildes y que los veja y extorsiona de esta manera? Podemos decirle de muchas formas a un patán como éste, pero “esclavista” le viene como anillo al dedo, sin duda.
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¿Qué pensarían mis amigos del gobierno de un profesor que aplazara a un alumno por el solo hecho de ser chavista?
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El oficialismo piensa que por convertir en expediente judicial sus mentiras cambiarán la realidad. Lo cierto es que cuanto más se resistan al reconocimiento y respeto de quienes le adversan, más aparatosa será la caída.
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La democracia no se limita, ni agota, en el depósito del voto en la urna electoral. Es también el espacio para la construcción de proyectos de vida absolutamente independientes, no se trata de concesiones del estado, sino de crear condiciones para que cada persona, cada ciudadano, pueda llevar la vida que desee, sin suscribir ideas o ideales auspiciados desde el poder. Es, la democracia, la dimensión económica, cultural y espiritual de nuestra existencia. En una democracia real, auténtica, los ciudadanos no deben agradecer nada al gobierno. Las condiciones de bienestar y seguridad están implícitas, y por tanto descontadas de cualquier propuesta electoral. Lo contrario es chantaje. El sufragio es el producto de un proceso reflexivo y no un gesto de reciprocidad, forzada, del elector.
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Y cierro abruptamente estas líneas, transcribiendo con cierta libertad, al Julian Barnes de El loro de Flaubert (1986): «El pasado es un cochinillo untado de grasa, si intentas atraparlo te caes de bruces y haces el ridículo».

1 comentario:

Mirco Ferri dijo...

Utilizando un símil bíblico, han erigido su imperio sobre bases arenosas y en cualquier momento se va a derrumbar, cual castillo de naipes rozado por el viento.