miércoles, 22 de mayo de 2013

¿EL FIN DE LAS UNIVERSIDADES?



INANICIÓN EN LAS UNIVERSIDADES



OPINIÓN 


SANTIAGO BOCCANEGRA




El tema de la lucha universitaria que hoy encabezan no solo profesores sino trabajadores y obreros de las casas de estudio superior no es solo lo salarial. Hay que dejar bien claro que desde hace años los docentes reciben sueldos de hambre, siendo las víctimas de la educación superior subsidiada. Las matrículas gratuitas, o por lo menos muy baratas, existen a costa también de la pelazón de quienes deben impartir clases.

La escala salarial de los profesores es de dolor, especialmente cuando para llegar al cargo más alto se debe acumular título de pregrado, postgrado, doctorado, dedicación exclusiva, trabajos de ascenso y concursos de credenciales. Todo para ganar poco más que el salario mínimo. Y de allí para abajo.

Pero además, las universidades están amenazadas por un ausentismo docente: la mayor parte de su base profesoral está jubilada y no hay con quién sustituirlos o rellenar cargos, en parte porque nadie quiere morir de inanición dando clases, y en parte porque no hay recursos para nuevas contrataciones. Ni hablar de la proporción entre fijos y contratados.

Las universidades en Venezuela dejaron de producir investigación, dejaron de hacer ciencias, estudios. Se han convertido en meras aulas de clase donde se imparten contenidos de un pénsum, perdiendo clases, con profesores cargados de mística y de compromiso pero con sus tiempos mancillados por el rebusque, por la preocupación, por el cansancio y por la dedicación compartida entre mil cosas que hacer para ganarse unos realitos más.

Mientras tanto, el gobierno sigue sordo. A Chávez no le importó el sector universitario. Sus herederos actúan igual. Por eso han mancillado las aspiraciones de quienes se han preparado por años para entregar su conocimiento a las nuevas generaciones, a quienes se encargarán del país. Los últimos aumentos, desde hace 9 años, han sido por decretos chucutos y no por discusión de convención colectiva, como corresponde. Es una manera de matar de hambre el conocimiento y la academia. Al gobierno no le hace falta intervenir las universidades, con causarles inanición le basta para cerrarlas.

El ministro Pedro Calzadilla es un universitario. Muchos creen que eso lo inspiraría a discutir el asunto con sus colegas. Pero Yadira Córdoba también lo era y nunca lo hizo. Ese es su legado: pura deuda. La lucha no es poca cosa, pero defender la universidad, la academia, y a quienes enseñan a los hijos de esta patria no debe tener descanso. Contrato ya. 

TOMADO DE TAL CUAL

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