jueves, 18 de febrero de 2016

Kafka, el opinador

Kafka, 
el opinador

Norberto José Olivar

En una animada Conversación en el ADDA, moderada por Pilar Reyes, Vargas Llosa (VLl) le dijo a Javier Cercas que, eso del escritor comprometido puede acabar en una auténtica calamidad. Para muestra ahí estaba el pobre Sartre que de novelista fue malísimo. Esta rara incompatibilidad (compromiso-literatura) es más o menos sabida en el oficio de escribir, pero en esa misma conversa —en el Auditorio del ADDA, en Alicante, España— Cercas apuntó un asunto curioso: ¿qué posibilidad existía de que el hombre racional que escribía artículos (con opiniones muy concretas) para apoyar o rechazar una postura política, acabara matando al novelista? Por supuesto que VLl escapó de la emboscada afirmando que el escritor-novelista debe sembrar dudas, ambigüedad, hacer visible la complejidad, crear confusión ante juicios morales; porque sí, el pensamiento racional tiende a ser esquemático y controlado solo por la inteligencia. Y recalca, por si ya fuera poca cosa, que la conducta humana es, también, pasión, instinto y está sometida a una serie de aspectos irracionales que no pueden obviarse. Y no me parece casualidad, tampoco, que en el artículo de Vila-Matas, del 2 febrero, «Sobre contenidos políticos», se subraye que en cuestiones de arte «el sentido es inmanente a la forma y ese es el modo de introducir» cualquier contenido específico. Esta idea que es de Adorno, es precisamente lo que entiendo cuando VLl afirma que desde lo irracional, desde lo instintivo, desde lo contradictorio es que se aborda el hecho narrativo, pues desde allí es que se hace viable la captura del sentido pleno de lo vivo. 
Javier Cercas, sin embargo, insiste y reflexiona, con cierto estupor, si el autor de los artículos no matará, finalmente, al novelista. Pero esta vez, VLl parece rendirse, y acepta que al articulista lo domina lo racional. Es aquí donde creo que se equivoca don Mario; pues desde hace un tiempo a esta parte, dedicado a escribir artículos con cierta regularidad y entusiasmo, tengo la impresión de que el narrador y el articulista, cuando se trata de la misma persona, debe ser igualmente ambiguo. Es decir, conviene que siga siendo la misma persona. De no serlo, estaríamos invadiendo la racionalidad del politólogo, del economista, del historiador, por mencionar algunos. Y cuidado si no un impostor.
El articulista debe ser, pues, igual de enigmático, insisto. Lo importante es que siembre dudas en las ideas que rechaza o promueve. Lo fundamental es no apoyar facciones sino principios. Principios siempre en construcción, nunca convertirlos en hipoteca. Lo contrario sería fusilar al escritor, al narrador. Como bien dice Cercas: lo que un autor aspira a decir debe hacerlo en sus narraciones.
Pienso que el artículo de un narrador deber ser una conexión entre la ficción (que lee o escribe) y algún «principio» o «idea» relevante de observar por él. No un esquema de predicador acalorado. Y cierro con esta cita del texto de Vila-Matas que les referí: «A quienes no creen en la eficacia en el plano político de las novelas de Kafka habría que recordarles que sus obras estuvieron prohibidas muchos años en la Europa del Este, y eso que parecía hablar sólo de sus problemas con su padre. Y es que, como decía Iván Klíma, aquel creador que sabe reflejar sus experiencias más íntimas de un modo profundo y auténtico también alcanza la esfera suprapersonal o social. Dicho de otro modo, los sistemas políticos van sucediéndose, pero la literatura puede ir más allá sin renunciar a los problemas de su tiempo».
Puede que muchos narradores no estén de acuerdo con estas líneas. Y lo más probable es que, al ser publicadas, yo esté ya diciendo todo lo contrario. Toda teoría es volátil por naturaleza. Lo mejor que podemos hacer es, entonces, abrazar nuestras contradicciones sin ruborizarnos. Esa sería la mejor opinión para un narrador, aunque no la más clara, por supuesto.

@EldoctorNo

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